Jean Paul Sartre afirmó en El existencialismo es un humanismo que la acción individual llevaba la carga moral de la humanidad entera.
No hay que olvidar que Sartre escribe dentro del marco de una sociedad plenamente industrial; una sociedad de la fabricación en serie y de la estandarización. En ese contexto, fabricar un auto -por ejemplo- supone fabricar el auto ideal y del mismo modo, elegir cómo se ha de vivir supone elegir por todos los hombres.
Pero nosotros somos hijos de una sociedad post-industrial, una sociedad desmasificada, del marketing de nichos, en la que ya no se escucha rock, sino que se escucha rock clásico, rock experimental, garage rock, glam rock, hard rock, rock instrumental, Krautrock, Punk Rock, Folk Rock, Soft Rock, Blues Rock, Flamenco Rock y vaya a saber qué más...
Hoy en día, el concepto de ideal único está en decadencia y por todos lados aflora la multiplicidad de formas. En este contexto, resulta difícil creer que la elección individual tenga una responsabilidad universal. Sin embargo, existe otra faceta del asunto sobre la cual me gustaría decir algo: la elección de pareja.
La elección de pareja conlleva -en el orden del tiempo- a que uno se arraigue más a su vida o a que se desmorone en los profundo de su ser. Se trata, claro está, de una elección importante. Atendiendo a este hecho, cabe preguntarse qué sucede con la misoginia.
La misoginia no se trata de un desdén directo hacia la mujer; por el contrario, creo que la misoginia, la peligrosa y auténtica misoginia, es la consecuente de la elección de una mujer mala, estúpida, inepta, fea, físicamente decadente, etc...
Es que es necesario entender de una vez por todas que quien elige como compañera a una mujer mala, estúpida, inepta, fea o decadente, está afirmando que esa es la mujer ideal para él, y esto equivale a decir que la mejor mujer es mala, estúpida, inepta, fea o decadente.
En resumen, que la basura de persona que nos acompaña es lo mejor que el "sexo débil" tiene para ofrecer. Lo cual, evidentemente, habla más del tipo de persona que es el hombre que actúa así, que del género femenino, abstracto e inabarcable.
Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Así, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres. Hay dos sentidos de la palabra subjetivismo, y nuestros adversarios juegan con los dos sentidos. Subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad para el hombre de sobrepasar la subjetividad humana. El segundo sentido es el sentido profundo del existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero también queremos decir con esto que, al elegirse, elige a todos los hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que, al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos. Si, por otra parte, la existencia precede a la esencia y nosotros quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es valedera para todos y para nuestra época entera. Así, nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos suponer, porque compromete a la humanidad entera.
No hay que olvidar que Sartre escribe dentro del marco de una sociedad plenamente industrial; una sociedad de la fabricación en serie y de la estandarización. En ese contexto, fabricar un auto -por ejemplo- supone fabricar el auto ideal y del mismo modo, elegir cómo se ha de vivir supone elegir por todos los hombres.
Pero nosotros somos hijos de una sociedad post-industrial, una sociedad desmasificada, del marketing de nichos, en la que ya no se escucha rock, sino que se escucha rock clásico, rock experimental, garage rock, glam rock, hard rock, rock instrumental, Krautrock, Punk Rock, Folk Rock, Soft Rock, Blues Rock, Flamenco Rock y vaya a saber qué más...
Hoy en día, el concepto de ideal único está en decadencia y por todos lados aflora la multiplicidad de formas. En este contexto, resulta difícil creer que la elección individual tenga una responsabilidad universal. Sin embargo, existe otra faceta del asunto sobre la cual me gustaría decir algo: la elección de pareja.
La elección de pareja conlleva -en el orden del tiempo- a que uno se arraigue más a su vida o a que se desmorone en los profundo de su ser. Se trata, claro está, de una elección importante. Atendiendo a este hecho, cabe preguntarse qué sucede con la misoginia.
La misoginia no se trata de un desdén directo hacia la mujer; por el contrario, creo que la misoginia, la peligrosa y auténtica misoginia, es la consecuente de la elección de una mujer mala, estúpida, inepta, fea, físicamente decadente, etc...
Es que es necesario entender de una vez por todas que quien elige como compañera a una mujer mala, estúpida, inepta, fea o decadente, está afirmando que esa es la mujer ideal para él, y esto equivale a decir que la mejor mujer es mala, estúpida, inepta, fea o decadente.
En resumen, que la basura de persona que nos acompaña es lo mejor que el "sexo débil" tiene para ofrecer. Lo cual, evidentemente, habla más del tipo de persona que es el hombre que actúa así, que del género femenino, abstracto e inabarcable.



